La analogía del teléfono roto en su empresa: cómo los grafos revelan quién no recibe la información a tiempo
Cuando era niño, el juego del teléfono descompuesto tenía una regla invariable: el mensaje que llegaba al final nunca era el mensaje que salió al principio. Lo curioso —y lo preocupante— es que la mayoría de las empresas operan exactamente igual, y nadie lo nota porque el juego se llama "reunión de seguimiento".
Hay un concepto en ciencia de redes llamado diámetro de la red: la distancia más larga entre dos personas dentro de un sistema de comunicación. Cuanto más grande es ese número, más pasos necesita un mensaje para llegar de un extremo al otro. En empresas medianas y grandes, ese diámetro puede ser de 6, 8 o hasta 12 saltos. Cada salto es una oportunidad para que el mensaje llegue tarde, distorsionado o simplemente no llegue.
Piénselo como una ciudad. Si la información es tráfico y los departamentos son avenidas, un diámetro grande significa que para ir del punto A al punto B hay que cruzar colonias que nadie conoce, sin semáforos y con calles de un solo sentido. Los grafos permiten trazar ese mapa, identificar los embotellamientos invisibles y rediseñar las rutas antes de que el retraso se vuelva crisis.
Aquí viene el dato que incomoda: en la mayoría de las organizaciones, los nodos más aislados no son los empleados de menor jerarquía. Son los mandos medios. El director sabe. El operador sabe. Pero el gerente de área —ese nodo intermedio— frecuentemente filtra, acumula o desvía información sin que nadie lo haya decidido conscientemente. No por mala intención; por la estructura misma de la red.
El rediseño de esa estructura —con datos reales, no con intuición— puede reducir el diámetro comunicacional de una empresa en semanas. Y eso tiene un efecto que se mide: decisiones más rápidas, menos reuniones correctivas, menos proyectos que mueren por falta de información oportuna.
¿Sabe usted cuántos saltos necesita un mensaje crítico para llegar a quien debe actuar en su organización?
En GEN Corp ayudamos a mapear y rediseñar esas rutas. La ciencia de redes tiene la respuesta. Solo hay que saber dónde mirar.
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